VANESSA.../CAP7

 


 CAPÍTULO  7








Y decir que era guapa era quedarse en lo superficial. Llamarla simplemente hermosa resultaba casi un insulto, una falta de respeto frente a la magnitud de su presencia. Ella era sencillamente asombrosa.... mega voluptuosa, obscenamente irresistible, guapísima hasta lo brutal.










Su cuerpo desbordaba exceso, como si la carne misma se hubiera rebelado contra cualquier medida. Cada curva era un desafío, cada gesto un golpe de lujuria. No estaba en el percentil más alto del atractivo, estaba más allá, en un territorio prohibido, tabú, donde la belleza se volvía condena y el deseo se transformaba en pecado.










Era un espectáculo de abundancia, un altar profanado de carne y voluptuosidad, imposible de ignorar, imposible de nombrar sin caer en la exageración. Lo que ella encarnaba no era belleza, era exceso, era morbo, era la tentación hecha cuerpo.










Sinceramente, jamás había visto a una mujer más guapa que ella… y era mi madre. Decirlo era un pecado, pensarlo un crimen, pero el cuerpo me lo gritaba. Llamarla simplemente hermosa sería un insulto, ella era un exceso, una abundancia obscena, un espectáculo de carne y poder que me desbordaba.
Su voluptuosidad era brutal, imposible de ignorar, como si la belleza se hubiera convertido en condena. El tabú me quemaba, pero el deseo me arrastraba, y su aspecto era la prueba viva de lo prohibido.











Supongo que debería ser descrita, aunque las palabras no le hacen justicia!! Tenía el cabello pintado de rojo, que cambiaba de estilo a menudo.
Tenía piel aceitunada y era capaz de mantener un bronceado saludable todo el año. Su piel era sedosa y suave, solo ver su piel desnuda te hacía querer pasar tus manos por todo su cuerpo.










Su rostro era muy exótico, luciendo sorprendentemente hermosaa.... Labios carnosos, suaves y gruesos, listos para devorar miradas.
Ojos ahumados, sensuales, que parecían arrastrar a cualquiera hacia un abismo de deseo prohibido. No parecía la típica y elegante madre de 40 años. Tenía el rostro de una experimentada diosa del sexo madura, un rostro que dejaba claro que era una mujer mayor, pero también un rostro por el que todas las demás mujeres de su edad matarían. Era un morbo, era la tentación hecha carne....









Su rostro la definía, experimentada, pero de aspecto joven. Envejecida a la perfección!! Parecía una mujer diez años más joven.
Pero su rostro era solo el comienzo del paquete total....
Para la mayoría de las mujeres, ese rostro sería lo primero que llamaría la atención. 
Pero ella tenía atributos mucho más notables.... muy notables!!!








Siendo demasiado sincero, mi madre tenía unas tetas gigantes, descomunales, imposibles de ignorar. Cada pinche tetota era tan grande como mi cabeza, dos montañas de carne que parecían desafiar la lógica. Era inevitable fijarse en ellas, como si fueran dos pelotas de baloncesto vivas, rebotando dentro del sujetador con cada paso que daba.








El movimiento era brutal, obsceno, un espectáculo de carne que mataba la discreción. Sus pasos retumbaban como campanadas, y el vaivén de sus enormes chichotas era un recordatorio constante del exceso, del tabú que me quemaba por dentro. No eran simples pechos, eran un altar profanado, una abundancia grotesca que convertía cada mirada en pecado.










Una vez espié uno de sus sujetadores, y ver la etiqueta que decía - 36FF - me puso los pelos de punta!!! Y a juzgar por cómo sus pechos se desbordaban por lo que se pusiera, diría que incluso era una talla más grande.








No tenían nada de caídas, simplemente lo normal del tamaño, Se destacaban con orgullo sobre su pecho, sorprendentemente firmes, turgentes... y forma de gotas gigantes... y suaves, de aspecto suave... y apretables.









Y se combinaban a la perfección, creando un escote espectacular en cualquier prenda que llevara, me encantaba ver cómo se apretaba el exceso de carne de sus enormes malditas chichotas de madura... Sus pezones parecían estar siempre duros porque se veían a través de prácticamente cualquier top que llevaba!!! Era como si estuviera constantemente excitada, era como si esos pezones pidieran a gritos que los chuparan.










No había manera de que llegara a los 18 con ella en casa y no me convirtiera en un hombre de tetas. Esa era la tortura más maldita, tener frente a mí las tetas más enormes que podía imaginar, vivas, pesadas, obscenas, y no poder hundir las manos en ellas. Nunca las había visto desnudas, al menos desde que tenía memoria, pero el simple hecho de saber que estaban ahí, ocultas bajo la tela, era suficiente para quemarme por dentro...








Un altar prohibido, una abundancia grotesca que me condenaba día tras día!!! El deseo me arrastraba, la culpa me golpeaba todos los jodidos días que la veía y la tenia enfrente de mi.







Pero ya basta de hablar del busto de mi madre. Para la mayoría de las mujeres, un rostro increíblemente hermoso y unos pechos enormes bastarían!!
Pero ella no, su vientre era plano y sexy, mostrando los beneficios del yoga y su rutina de ejercicios. Sus piernas eran largas y firmes, capaces de volver loco a cualquier hombre con esas piernotas bien macizas.










Y su trasero… ¡Uuufff, madre mía! No era de este mundo. Alto, parado, levantado con una firmeza brutal, como si la carne misma se hubiera esculpido para provocar. Era todo lo que uno deseaba que fueran unas nalgas, firmes, obscenas, desafiantes.








Tenía la forma de un corazón, pero no un corazón cualquiera: el corazón más grande, más grotesco, más tabú que podía imaginarse. Cada nalga estaba perfectamente madura, pesada, redonda, como dos nalgotas de puta que se ofrecían al pecado.







No era un simple trasero, era un culo magistral, un altar profanado, un espectáculo de abundancia que quemaba la mirada. Cada paso suyo hacía vibrar esa forma bien pinche obscena, y el aire se llenaba de deseo y condena. Era el trasero de una madre, y eso lo volvía aún más prohibido, más perverso, más tortuoso.








Su enorme y carnoso trasero sobresalía a la perfección, casi creando un estante para apoyar la cabeza. Mi madre era una joya en todos los sentidos.... No importaba qué tipo de hombre fueras... ella tenía todo lo que querías.









Ahora, algunas mujeres hermosas eran solo cuerpos y no tenían sustancia.... Mi madre era diferente, era divertida.
Era una buena madre sin ser autoritaria.
Me dio suficiente libertad para vivir mi propia vida mientras me vigilaba. Y era muy relajada. Era una de esas personas a las que nunca se las tomaba por sorpresa. Nada podía perturbarla.









Era lo suficientemente aguda como para tener una respuesta para cualquier tipo cosa... Pero eso es lo aburrido de la personalidad. Aquí está lo muy divertido.... Era una coqueta descarada!!! Era una de esas mujeres que todo lo que decía sonaba sumamente sexy!! Cada palabra que decía, cada pequeño gesto, simplemente perfectamente sensual.









Su voz entrecortada hacía que todo lo que decía sonara como un señuelo lujurioso... Movía esas inmensas caderas al caminar, un vaivén brutal que parecía dictar el ritmo del deseo. Sus tetisimas se movían con cada paso que daba rebotando dentro del sujetador, desafiando la discreción. Se movía suavemente sin desperdiciar movimiento.
Irradiaba sexo!! Era puro, sin adulterar, atractivo sexual, un magnetismo animal que se derramaba en el aire, al caminar y al hablar.








Por si no ha quedado claro, quería hacerla mia, con todas mis fuerzas. Al verla y compararla con las chicas del instituto, no había comparación alguna!! Me enorgullecía de ser muy bueno cazando chicas. Pero yo cazaba cachorritas, Mi madre era una leona. Estaba en un mundo completamente distinto....









Si yo fuera un cazador de presas mayores, mi madre sería nada menos que un blanco ideal.
Ella lo tenía todo, y la quería entera, quería su voluminoso cuerpo, quería su rostro precioso.... Sus piernas largas y macizas.








Su piel bronceada y suave. Su culo redondo. Su vagina apretada. Sus tetotas gordisimas!! Para un jovencito cachondo, era un sueño húmedo andante. El hecho de que fuera mi madre con el tiempo pasó a un segundo plano.









Fue un milagro que estuviera aquí, Era hija de dos padres de aspecto normal, y tenía dos hermanos menores de aspecto normal. Por un capricho del destino, por una alineación de las estrellas, mi madre emergió como un faro de belleza. El destino se unió para crear esta visión del sexo. pero no era solo asi de la nada, su padre tenia hermanas bastante bellas, sus hijas decían que igual, o sea las primas de mi mama igual estaban que se caían de buenas o eso pensaba.









Algo que olvidé mencionar fue su impecable sentido del estilo!! Siempre vestía ropa ajustada y entallada, a la última moda. Pero también marcaba tendencia, probando sus propias ideas, presumiendo de sus productos y dando ejemplo a las demás mujeres del pueblo.









La mayoría de las mujeres solo sentían envidia cuando estaban cerca de ella!! Querían odiarla, pero su personalidad contagiosa las absorbía. No la odiaban por su impresionante atractivo. A pesar de su belleza, les gustaba. Se sentían mejor consigo mismas en su presencia.









Era tan pinche hermosa que soñaban con estar cerca de ella, con ser consideradas dignas de ser sus amigas. Y aunque se llevaba bien con la mayoría y era generosa con su tiempo, podía elegir a quién considerar sus amigas, y sus amigas eran una horda de mujeres mayores de aspecto impresionante!! Pero esa seria otra historia....









Y los hombres, bueno, debería ser obvio cómo se comportaban con ella. Mamá era la mujer más popular del pueblo entre los hombres. Probablemente era candidata a la paja para la mayoría, pero por desgracia para ellos, ya estaba comprometida.








Supongo que debería mencionar a mi papá, Noe. Una parte de mí deseaba poder decir que era un imbécil y quería vengarme de él quedándomela para mí solo.... Pero no era así.









Papá era un buen tipo. Era exjugador de fútbol, así que teníamos cosas en común. Se había mantenido guapo, aunque ya no estaba en la forma de antes, y él y mamá seguían muy enamorados. A veces podía ser un poco fanfarrón, pero nadie es perfecto. Excepto mamá, claro.









Él y mamá se conocieron en la universidad y se casaron poco después.
Él era vendedor en una aerolínea privada bastante grande y era muy bueno, ganaba mucho dinero y dejaba que mamá se quedara en casa sin preocuparse por el trabajo. Pero a cambio, papá viajaba constantemente, ganando mucho dinero, dejándonos a mamá y a mí encerradas juntos.








Así que ahí estábamos, una madre increíblemente buenisima y su hijo excitado y con una pene siempre erecto al tope, con un padre que nunca estaba presente.









Sé que suena exagerado, pero es la verdad. A juzgar por algunas historias que leí, nuestra cópula era inevitable. Por lo que he visto, debería haberla penetrado hasta los huevos sin problema.... Pero sabía que no era así, por experiencia propia, Ojalá fuera así de fácil!!










Desde pequeño, me di cuenta de que mamá era bastante hermosa, muy bella!!! Pero durante años, no fue más que una madre para mí.
No fue hasta que llegué a la pubertad que me di cuenta de la bendición que tenía en mi propia casa.... Llegué a la edad en que podía apreciar las tetas gordas!! Y los culos enormes...









Y lo que era el atractivo sexual, mi cuerpo supo la verdad antes que yo. Tenía erecciones cada vez que se movía cerca de mí. Una vez que junté las piezas, lo primero que sentí fue vergüenza. Honestamente!!!








No debería estar teniendo erecciones por mi progenitora. Intenté sacarla de mi cabeza y fantasear con las chicas de mi clase, pero mamá siempre terminaba siendo en quien pensaba mientras me corría como loco enfermo!! Me sentía como un bicho raro!! Es decir... era asqueroso!! Era incesto lo que deseaba!!!!








No fue hasta que invité a unos amigos a casa que me di cuenta de que no era solo yo quien pensaba asi de ella!! Vi cómo todos mis amigos la desnudaban con la mirada, deleitándose con ella mientras ella exhibía su cuerpo atractivo a nuestro alrededor, haciendo sus tareas diarias.









Nunca me había sentido tan feliz como cuando me di cuenta de que todos mis amigos pensaban que mi mamá era atractiva. Se corrió la voz rápidamente y pronto todos los chicos estaban deseando ser mis amigos.







Tenía unos 11 o 14 años cuando, por voluntad propia, dejé que mamá entrara en mis fantasías por primera vez... Y fue una sensación de vértigo. Me imaginaba apretándole sus obesas tetotas!!! Me imaginaba metiéndole la verga en la posición de perrito, mientras agarraba desde atras sus tetotas sintiendo el balanceo....








Le hacía todas las cosas guarras que se me ocurrían a mi mamá en mis fantasías.... Una parte de mí pensaba que era solo una fase. Que pasaría página después de un tiempo y tendría fantasías más sanas con chicas de mi edad.









Pero desafortunadamente no pasó!!!! Probablemente podría superarlo si no estuviera cerca de ella todo el tiempo. Tener que ver su gigante culo caliente y sus enormes tetas meneándose por la casa, verla guapísima con lo que se pusiera, la mantenía al borde de mis fantasías.








A medida que me llenaba, crecía, me volvía más grande y me crecia mi pene, seguía acariciándome, día tras día, pensando en ella. Mis fantasías se volvían más cachondas a medida que mis gustos evolucionaban, y las descargas que me hacían se hacían cada vez más grandes.








Me imaginé follándole las tetas a mi mamá. Me imaginé a mi mamá ahogándose con mi pene gordo. Me imaginé metiéndole mi polla gorda en su tremendo culote apretado.








Fue desagradable, pero se sintió tan bien. No puedo contar cuántas corridas me corrí sobre ella. Me di cuenta de que no era solo una fase!! No era solo una fantasía. Si se presentaba la oportunidad, lo haría. Me follaría a mi mamá. No importaba si era incesto... Estaba demasiado buena para que me importara.








La deseaba más que a nadie en quien pudiera pensar! Pero a pesar de eso, mantenía una buena vida social. No era un ermitaño.
Tenía un montón de amigos y muchas novias, definitivamente estaba liándome con chicas de mi edad, pero mi mente siempre estaba en la guapa que vivía en mi propia casa.








No podía sacármela de la cabeza, por mucho que me gustara.
Ella era a quien quería.... Era a quien mi cuerpo anhelaba, necesitaba!!! Empecé el último año de instituto y mi enamoramiento por mi madre no daba señales de disminuir.








Era casi injusto!! Como si fuera mala suerte tener tanta suerte con las chicas.
Estar atrapado con la mujer más guapa y buena que había visto en mi vida y no poder moverme por ser mi madre.







Pude meterme entre las sábanas a un montón de chicas de mi instituto, pero nunca pude disfrutarlas de verdad.






Imagina lo mal que sería que, cada vez que te follaras a una chica, no pudieras evitar ver a tu madre en su lugar... Imagina coger con una chica de 18 años con unas tetas enormes y no quedar satisfecho porque no son tan grandes como las de tu madre.







Por suerte, mi madre estaba buenísima, y verla en el lugar de esas chicas no era desagradable… pero aun así era una tortura demasiado fuerte y pesada. Imaginar esas tetas naturales, gigantes, más grandes y perfectas que cualquier otra que hubiera visto en mi vida, y saber que estaban ahí, al alcance, pero intocables, era un suplicio tan maldito.








Cada día era un castigo: convivir con los pechos más enormes que jamás había visto, ocultos bajo la tela, rebotando con cada paso, y no poder hundir las manos en ellos..... Nunca los había visto desnudos, al menos desde que tenía memoria, pero el simple hecho de saber que existían, que estaban ahí.... era suficiente para quemarme por dentro








No había nada divertido en aquello. Eran unas tetotas descomunales, colgando como campanas de iglesia frente a un hijo con las hormonas ardiendo... Un espectáculo que me quemaba por dentro,,,. Era tortura mental que no le desearía ni a mi peor enemigo.








La vergüenza inicial fue un golpe seco, un látigo invisible que me atravesó el pecho. El caos que desató fue insoportable: cada recuerdo era un peso, cada imagen un castigo!!! No se lo desearía a nadie, porque era más que angustia, era una tortura maldita, interminable, un juicio constante que me perseguía día y noche.... Era el infierno absoluto, tener frente a mí lo prohibido, tan cerca que podía sentir su peso, y no poder tocarlo, sentirlo....





CONTINÚA 






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