MADRE EN LACTANCIA/CAP26

 


 CAPÍTULO  26








Las chichotas de Renata le dolían otra vez, como si fueran cántaros malditos rebosando en silencio. No tanto como antes, pero sabía que si no se vaciaban, el tormento se volvería insoportable... Sus tetotas descomunales, hinchadas por la lactancia, parecían monstruos de carne, pesadas, blandas y duras al mismo tiempo, agitándose con cada respiración, como si exigieran ser ordeñadas.







La leche se acumulaba en ellas como un exceso blasfemo, un río blanco que pedía salida, sin importar quién lo sacara...







El aire se volvió espeso en la cocina, cargado de un morbo muy oscuro, cada gota en la boca de Sam era un recordatorio de abundancia y condena.














- Estás...... riquísima...... mami....!!! - dijo Sam con gemidos en cada palabra mientras seguía mamando sin frenarse. - amm... siiii..... me encantan.....!!!!







Y cuando escuchaba la voz de su hijo gimiendo, Renata se estremeció temblandole todo el cuerpo, se entregaba a su cría para aliviarse, cruzaba su mente, estaba dándole de mamar a su retoño que iba entrar a la universidad, la culpa se le clavó como un hierro ardiente. Qué estaba haciendo? El exceso que la dominaba se transformó en sombra, y el gozo de sus pechos descomunales se volvió penitencia.







Renata cerró los ojos, dejando escapar un gemido profundo, y murmuró con voz quebrada.
- Dios… mio....!!!! ammgg......!!!!














Sam seguía bebiendo con entusiasmo, demasiado caliente, prensado contra las chichotas obesas de su propia madre.
Se aferraba a ellas como un hambriento condenado, succionando con fuerza, mientras el líquido brotaba y corría, aliviando poco a poco la presión brutal que cargaba Renata en sus tetotas enormes.... El ardor en su pecho se transformaba en placer, y cada trago que él se daba sentia la gloria!








- Muackkggghhhh!!!! Muackkgghh...!!!! - Sam seguia totalmente prensado en esos pezones grandes que parecían grifos de leche. - Hummm, mami!!! ammgg...!!!!







- Tuuu.... tu padre, Ufff!!! - gime. - … podría llegar.....!!!  Haaah...!!!  Traga, maldito! Que estas chichotas me matan de dolor.... Haz tu trabajo, vacíame toda, que no quede ni una gota... ahhhggg!!!!















- Muackgghhh!!!! Muackkgghh...!!!! -






La cocina estaba cargada de un aire espeso, el jadeo y la succión resonaban como un secreto prohibido... La madre. Renata, con sus chichotas obesas rebosando leche, se dejaban vaciar en la boca de su hijo.
El alivio la recorría, pero también la quemaba de vergüenza...









- Nooo.... vamos ni un minuto.....!!!! no creo que llegué.....!!!!
Tus... tetas se ven súper pesadas y obesas, mami!! ammmh!!!
Te cuelgan con fuerza como si fueses una verdadera actriz porno... - dijo él hijo, con la mirada clavada en su bello rostro mientras disfrutaba y jadeaba.















- Muackkkggghh....!!! Muackghh.....!!!! -






Renata sonrió con descaro, apretando sus Montañas blandas y pesadas con ambas manos a su cara y respondiendo.
- Ya sé, mi amor… sé que tengo unas chichotas pesadísimas.... y cargadísimas de leche.
Mira nomás cómo se Tambalean..... Uummm.....!!! Más grandes que tu cabeza, Oouhhh...!! Están tan llenas que parece que van a reventar.....
Y me encanta que las vean así, grotescas, enormes, como si fueran un exceso imposible de esconder!!!! Son.... una condena y un orgullo..... chamaco!!










El pene de Sam, desde su boxer y pantalon golpetea su vientre plano de su madre, sus deliciosas y duras mamas siguen en su cara, hundiéndose sus pezones en su boca. - Muuumgghhhmmggg...!!!!! AMMMG!!! Cada sorbo es como un... pecado, y me excita más.... mami!!!















Renata susurrando, con unos gemido llenos de placer. - Ahhh..... siii, el alivio es mi castigo… y tu boca mi penitencia..... - termino diciendo, con una cara de gozadera máxima.







- Ooohh...!!! Tus.... chichotas pesan como pecados, mami..... siii mami.... ma...mii...!!!












- Ayy... cabron chamaco, te encanta decirme mami mientras mamas de ellas verdad....???!!!! - Renata ardía todo su cuerpo, sus enormidades de tetas malditas rebosando de un líquido prohibido.... El peso era brutal, un tormento que amenazaba con desgarrarla desde dentro.







Sus senos, cargas descomunales de condena y placer, hinchadas por la lactancia, se agitaban como monstruos de carne, blandas y pesadas, clamando por ser vaciadas..... Cada movimiento era un sacrilegio, cada gota acumulada un conjuro obsceno.....














- Me condenas y me salvas al mismo tiempo.... mami!!! - decia Sam con su miembro queriendo explotar. - Solo digo la verdad.... mami!!







- Entonces peca conmigo, vacíame estos Monstruosos senos de abundancia.... Humm..!!! Que la culpa nos arda juntos.... - decia Renata apretando su nuca, hundiéndolo. Poniendo una cara de gozo magistral.









Sam pensó. - La culpa nos excita más… No lo puedo creer!!! - La madre estaba totalmente desbordada, cachonda hasta el full, con esas enormes tetas pesadas que siempre habían sido la sensación.... Cada sorbo era el mismo pecado, cada gemido un conjuro de lujuria.














- Aggghh!! son pecado vivo, y yo las bebo.... no me importa....






El miedo a que el padre de Sam llegará en cualquier momento ardía en su cabeza, pero lejos de detenerlo, lo incendiaba más. - Que venga, que nos descubra… - Seguía pensando, mientras la presión de la culpa se mezclaba con el gozo perverso infinito.













- Ay...!! La verdad... me alivia que me vacíes, aunque me culpee..... mmmgghh.... Pecamos juntos..... - decia jadeando la madre.







Renata continuaba en su tarea de enloquecerlo, sus dedos se aferraban a su cabeza con fricción insistente, como si quisiera dominarlo por completo. La mano libre se deslizaba por su espalda, lenta y cruel, empleando la punta de sus uñas para dibujar líneas ardientes sobre la piel.







Los escalofríos se multiplicaban, intensos, como si cada roce fuera un conjuro maldito.
El aire pesadisimo lleno de tensión, y el cuerpo respondía con una satisfacción inevitable.....













- La culpa nos excita más, no puedo parar!!! ummgg!!! - Decía Sam temblando, mientras una mano se iba a la cintura para abrazarla y pegarla por completo a el, para restregarle su miembro.














El tabú se volvía combustible, la vergüenza era placer, la condena era deseo.
Y hundida en ese exceso, Renata comprendió que lo que los consumía no era solo el cuerpo, sino el morbo de pecar bajo la sombra de ser atrapados..... La cocina se volvió altar profanado, y ambos se dejaban llevar.....







- Ouhgggh! - gime la mamá enloquecida. - No pares hasta dejarme seca...... ayy....!!!





.







- Muackkggghhhh!!!! Muackkgghh...!!!! - El aire estaba cargado de lujuria y vergüenza.







- Más fuerte, cabrón! Si nos oyen, que nos oigan pecando....!!! - El sonido de la succión se volvió más obsceno, más perverso. Cada jadeo un conjuro blasfemo.







La cocina, que debía ser lugar de sustento, se convirtió en altar de un acto prohibido, y ellos siguieron en lo suyo, con la culpa ardiendo como combustible....














De pronto....
- tock…!!! tock…!!!! - El golpe seco en la puerta ya no era ilusión, alguien estaba ahí!!!
El corazón les estalló en el pecho!! El padre de Sam había llegado.













- Ohh!!! que fue eso....???? creo ya llego.... Paraa, para… ya llegó..... - Renata, con voz ronca y culposa, susurró.














Ellos se miraron, temblando. El miedo se mezclaba con el morbo, la vergüenza con el deseo. El silencio duró apenas un instante. Y otra vez, más fuerte.







- Tock… tock… tock…!!! - De nuevo un golpe seco en la puerta los heló. - Abran, ya llegué! - La voz del padre resonó fuerte, y mas en el interior de ambos.






- TOCK…!!! TOCK….!!!!
- Ya vine por Sam, abre, Renata! - gritó ahora desesperado, con enojo en la voz.






Sam con la boca aún pegada al pecado, pensó. - Viene por mi??? de que habla?? -







Los golpes seguían, cada vez más violentos, como si la puerta estuviera a punto de estallar. El eco retumbaba en la cocina como un trueno, y cada impacto les atravesaba la piel con un frío punzante.







La culpa ardía en sus cuerpos, pero el calor que los consumía se apagó de golpe, como un fósforo sofocado por el viento.








Un escalofrío brutal recorrió sus espaldas, haciéndolos temblar. El sudor se volvió hielo, la respiración se quebró en jadeos entrecortados.






Renata, con voz chillona y culposa, susurró muy despacio.
- Rapido, rapido!! quitate y limpiate la boca!! - lo empujó. - Y vete a cambiar la playera...!!! rapido niño!







La sombra del padre parecía estar ya entrando, aunque la puerta aún resistía.
El deseo seguía vivo, pero ahora mezclado con un miedo visceral que los hacía estremecerse por completo...








Rápido, casi sin pensar, Sam se arrancó la playera empapada. Las manchas de leche o quizá de agua, pero igual delatadoras, le corrían en gotas por la tela, como pruebas vivas de lo que acababa de suceder.








Con el corazón golpeándole el pecho, se escabulló hacia su habitación, desesperado por ocultar el rastro antes de que su padre pudiera verlo.







El pasillo parecía interminable, cada paso cargado de culpa y miedo. El eco de los golpes en la puerta seguía resonando, y la voz del padre, ansiosa y enojada, lo perseguía como un juicio inminente.







Sam se cambió rápido, sudando, con la piel aún húmeda, tratando de borrar las marcas del exceso. Pero sabía que, aunque la playera limpia lo protegiera de la mirada de su padre, la culpa seguía pegada a su cuerpo como una segunda piel.








Renata tomó el trapo de la cocina y comenzó a limpiar sus enormes tetas, que se meneaban con cada movimiento como sandias de carne vivas.







El paño recorría la superficie sudada y brillante, arrastrando las gotas de leche que aún se escapaban de sus pezones hinchados.... Cada roce era torpe y brutal, como si intentara borrar las huellas de un secreto imposible de ocultar.







Sus pezones, duros y cargados, fueron frotados con insistencia, dejando marcas húmedas en el trapo, de por si tenia las tetas bien marcadas por la boca de su hijo. 
Con un gesto culposo, casi desesperado, como si quisiera purificarse de un pecado reciente.







Después, con manos temblorosas, intentó guardarlas en su brasier, las acomodó una por una, luchando contra su tamaño dimensional, empujando la carne pesada hacia adentro!! El brasier crujía, incapaz de contenerlas, y la blusa apenas lograba cubrir el volumen. Era un acto de ocultamiento, de vergüenza, pero también de morbo, esconder lo que ardía, disimular lo que seguía latiendo bajo la tela. los pezones seguian hinchadisimos gateando....!!








Los celulares empezaron a sonar, como campanas de juicio, mientras los golpes en la puerta seguían.
Y aun así, ellos permanecían en silecio, atrapados entre el miedo y el morbo, cada vez más oscuro.







- Ya voy…!!! - Gritó Renata con voz debil, quebrada entre la urgencia y la vergüenza.







Se encaminó hacia la puerta, atravesando el comedor y la sala. Cada paso resonaba como un golpe de campana, pesado, marcado, como si el suelo mismo acusara su culpa, su delito.







Sus anchas caderas se bamboleaban con fuerza, y el eco de las enormidades de sus tetas aún húmedas parecía acompañarla, recordándole el deseo que intentaba ocultar.








El aire estaba cargado de tensión, el olor a leche y sudor seguía impregnando en la cocina, mezclado con el miedo a ser descubierta. Cada movimiento era penitencia y lujuria al mismo tiempo.







El brasier apenas si contenía las montañas de carne, y la blusa se estiraba grotesca, como si quisiera delatarla.







Renata sentía el juicio en cada paso, la culpa le recorría la espalda como un escalofrío, pero el calor seguía vivo, ardiendo bajo la tela. El pasillo se volvió un viacrucis oscuro, y la puerta, un altar donde el pecado y la vergüenza estaban a punto de encontrarse.







llegó a la puerta con el corazón golpeándole el pecho. Se detuvo un instante, respiró hondo, como si quisiera expulsar la vergüenza que la ahogaba, y finalmente giró la manija....







La madera crujió y la puerta se abrió lentamente.
Del otro lado, su ex pareja apareció con el rostro endurecido, la voz furiosa.







- Qué caraj…!!! Por qué no abren la puerta??? Dónde está Sam???!! Ya preparó sus cosas???!! - El tono era áspero, cargado de enojo y juicio.








Sus ojos recorrieron a Renata de pies a cabeza, como si cada pliegue de su blusa, cada enorme curva de su cuerpo, fuera una prueba de pecado. La mirada era un látigo, un examen implacable que la desnudaba sin tocarla.








Renata sintió otro escalofrío recorrerle la espalda. El brasier apretado parecía delatar lo que intentaba ocultar, y la tela de la blusa se volvía pesada, culpable, como si gritara lo que había pasado minutos antes.






El sudor se mezclaba con el miedo, y cada respiración era un jadeo de vergüenza.
El padre insistió, con voz más dura.







- Responde, mujer! Dónde está Sam??? porque estas manchada - dice señalando sus pechos y su pantalon tenia gotas de húmeda. - Que...!! le estabas dando de comer a nuestra hija, ahorita???? - dice serio sin quitarle los ojos de encima.







Renata bajó la mirada, incapaz de sostener el juicio. La culpa le quemaba la piel, y el miedo la paralizaba!! Cada palabra de su ex marido era un golpe que la hacía temblar, como si la puerta abierta fuera un confesionario improvisado, y ella, atrapada entre el deseo que aún ardía y la culpa que ya se sentía encima....






Estando frente a él, con la puerta abierta y el aire pesado entre ambos. Sobre‑respiró, intentando recuperar el aliento, como si cada bocanada fuera un esfuerzo por contener la vergüenza que la ahogaba.







las pesadas tetas se le agitaba bajo la blusa, y el brasier muy apretado.
La mirada del padre de Sam era dura, inquisidora, recorriéndola de pies a cabeza de nuevo.







Con voz temblorosa, quebrada entre el miedo y la urgencia, alcanzó a decir.
- Sam… está en su habitación… ya viene. tranquilo, desesperado. -
El eco de sus palabras sonó débil, como si no bastara para calmar la furia de el.







El silencio que siguió fue aún más pesado, cada segundo era un látigo invisible, cada respiración un recordatorio del pecado que intentaba esconder.








De nuevo la miró fijo, con el ceño fruncido, la voz cargada de enojo y juicio.
- Y las maletas de Sam…??? Dónde están…??!! - preguntó, serio, repasando de nuevo a Renata de pies a cabeza, como si cada pliegue de su ropa escondiera una mentira, pero especialmente su mirada se quedaba en su blusa húmeda.







Renata sintió el aire cortarse en su garganta. El silencio se volvió insoportable, pesado como un confesionario.







cuando iba a contestar... En ese instante, se escucharon los pasos apresurados de Sam que venía desde el pasillo. El golpeteo contra el suelo era nervioso, casi desesperado, como si quisiera llegar antes de que la mirada de su padre desnudara por completo a Renata.








Sam alcanzó a escuchar la ultima pregunta, dura, y no saludo, mas bien pregunto.
- Las maletas? cuales las maletas???






- Como que cuales maletas??? Que no te dijo tu mama???!!! - contesto mas molesto.






El eco de esas palabras llenó la sala como un juicio inminente. Renata bajó la mirada, temblando, atrapada entre el miedo y la vergüenza, mientras Sam se acercaba con el corazón acelerado, sabiendo que cada paso lo acercaba al peso de la condena.








Un silencio entre los tres era brutal!! cargado de sospecha. El padre los observaba con dureza, intrigado, desconfiado, como si pudiera leer en sus cuerpos la verdad que intentaban ocultar.







Renata con escalofríos en todo el cuerpo, Sam se ahogaba en su propio miedo, y la sala se transformaba en un escenario de culpa, donde cada mirada era un golpe y cada respiración un pecado, no era lo mismo desearlo e imaginarlo, que vivirlo en carne propia.....





CONTINÚA 






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