UNA VECINA CON SECRETOS/CAP9
CAPÍTULO 9
El jueves, Anastasia se levantó junto a su marido, aunque él salió primero de casa. Ella, fiel a lo prometido a su amante, había dormido toda la noche bañada en su leche, envuelta en ese exceso prohibido... Despertó con el cuerpo ardiendo, cachonda, con cada recuerdo clavado en la piel.
La imagen de su joven vecino la perseguía, la macedonia preparada con manos temblorosas, el roce de los cuerpos, y la penetración anal que aún le quemaba... Cada detalle volvía a su mente como un látigo, como un recordatorio de que el adulterio no era solo deseo, sino maldición.
Anastasia caminaba con la memoria impregnada de pecado, con la certeza de que lo prohibido la había marcado. No era solo sexo, era el infierno delicioso de lo que nunca debía ocurrir
Sus sensaciones ya resultaban enfermizas, ya no se concentraba en nada, no le apetecía ni ver la tv, ni llamar a sus amigas, ni visitar a su familia, ni siquiera el Messenger le atraía.
Hasta le excitaba ver a su jefe desnudo, tan viejo, tan gordo y tan peludo. Pensó en seducirle con alguna ropa provocativa, hacer que babeara cuando la viera....
Se colocó una fina blusa blanca sin sostén, para que sus gigantes y carnosas tetotas fueran sueltas, con sus pezones señalados en la tela y transparentándose las aureolas.
Después se puso una falda corta gris, ajustada, con una amplia abertura lateral que con los pasos dejaba gran parte de su muslo a la vista, se calzó con unos zapatos de tacón aguja y se maquilló debidamente!! Iba de manera explosiva y despampanante.
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Llegó antes que su patrón. Estaba inquieta, quizás se estaba precipitando y provocando una locura arriesgada, pero la ninfomanía que le había inspirado su perrito vecino la arrastraba hacia una lujuria descontrolada...
Cuando le vio venir, se puso a merodear por la oficina como si estuviera archivando facturas..... Don Ignacio se quedó embobado al verla, con aquellas faldas tan cortitas y aquella abertura lateral que le dejaba buena parte del muslo a la vista.
Igual iba muy descotada, y cómo se le movían las enormes tetas bajo la camisa, con los pezones señalados, con las aureolas transparentándose a todo poder.
- Buenos días, don Ignacio!
- Joder, Anii, qué guapa vienes hoy, al trabajo...
- Gracias, don Ignacio.
- Igual se me va la mano y te ganas una palmadita en ese tremendo....
- No sea usted viejo verde, don Ignacio. Anda, vaya a cambiarse.
Volvió a examinarla descaradamente antes de salir, viendo cómo contoneaba el inmenso culo y el balanceo de sus grandes tetas.
Seguro que le había sobreexcitado con sus sensuales vestimentas y su ingenuo comportamiento. A través de las cristaleras le vio dirigirse hacia el retrete.
Las puertas del taller aún permanecían cerradas y decidió seguirle para espiarle, ocultándose entre las pilas de neumáticos, con vistas al habitáculo. Le tenía a unos tres metros.
Una luz tenue iluminaba la estancia. Se quitó las botas y se despojó de la camisa, mostrando su torso peludo y abultado, y acto seguido se bajó los pantalones y el boxer hasta quedarse desnudo.
Vio su culo gordo y velludo y sus huevos apretujados entre los robustos muslos, y al girarse le vio su polla tiesa, una normal y gruesa salchicha empinada hacia arriba, con el capullo rozando los bajos de la barriga.
Le había calentado bien, estaba empalmado. Desnudo y descalzo, se colocó ante la taza, se bajó la verga y se puso a mear.
Cuando terminó, se la sacudió y se la agarró, comenzando a masturbarse, mirando al frente, de pie ante la taza...
Se la machacaba con fuerza y velocidad, con sus nalgas contrayéndose, como si el puño fuera una vagina.
Su mano abarcaba casi toda la polla, pero no en circunferencia, era bastante gruesa. Seguro que estaba pensando en ella.
Anastasia, muy caliente, se metió la mano bajo la falda y se acarició el chocho por encima de las bragas. Vio cómo salpicaba leche de manera dispersa y cómo se la escurría.
Después colgó la ropa y se vistió con un mono de faena. Anastasia aguardó escondida entre los neumáticos cuando le vio salir, rascándose los cojones, con el mono desabrochado casi hasta la cintura, dejando buena parte de su barriga a la vista y los pelos densos del pecho.
Vio cómo se asomaba a la oficina en su busca, luego abrió las puertas del taller y fue hacia la cafetería de enfrente, como hacía todas las mañanas!!
Aprovechando su ausencia, Anastasia irrumpió desesperadamente en el retrete y lo primero que hizo fue coger los boxer para olerlos. Aspiró profundamente taponándose con ellos la nariz. Qué olor a macho.
- Ummmm...!!!!! - Le hubiese gustado masturbarse con ellos.
Volvió a colgarlos y se fijó en la taza. Había gotas de leche por el borde, mezcladas con salpicones de orín.
Se asomó y vio que no había tirado de la cadena, que algunas porciones flotaban en el fondo. Se arrodilló para oler su deslechada de don ignacio, despues se incorporó escupiendo, limpiándose los labios con el dorso de la mano.
Cómo podía ser tan cerda, se preguntó desesperada, qué diablos le estaba pasando a su mente pervertida.
Siendo adicta al Messenger, descubriendo sus fantasías ante desconocidos, nunca pensó que llegaría a comportarse como una completa puta.
Regresó a la oficina en busca de una pizca de serenidad y buscó en internet temas relacionados con la adicción sexual.
Existían terapias de grupo y antidepresivos para tratar la ansiedad sexual, el problema es que no sabía si deseaba superar aquel trauma, le resultaba emocionante y morboso.
Era la puta de su vecino y la calientapollas de su jefe, mientras su maridito creía que era una esposa fiel y honrada. Comenzó el ajetreo del taller con la llegada de los clientes y el sonar del teléfono.
Anastasia trató de distraerse, aunque a veces le miraba el cuerpo a su jefe, o su jefe entraba en la oficina para devorarla con esos ojos lujuriosos.
A más de uno se le caían las babas cuando entraba en la oficina y la piropearon varias veces.... Serían las 11 de la mañana cuando sonó el teléfono.
Era la mujer de don Ignacio. Tras saludarla, avisó al jefe y éste entró en la oficina, fijándose en el gran escote de Anastasia, por donde podía ver la ranura que separaba sus ubres.
Y Ana también se fijó en su mono abierto, en su panza dura y en los pelos del pecho.
- Dime, Marífer… Ya sé que estás enferma y que no puedes salir, pero qué quieres que haga…!! Aquí hay jaleo para reventar, joder… A ver si se despeja esto un poco y puedo salir, pero me tengo que cambiar y toda… Y qué chingados le compro...?? No tienes ni idea, no? Bueno, ya veré, anda, adiós - Colgó bruscamente - Joder!!!
- Qué sucede, don Ignacio? – se interesó Anastasia.
- Mi hija, viene a comer a casa, es su cumpleaños y no le hemos comprado nada.... Y a ver cómo salgo con la que tenemos encima.
- Debo llevar estas facturas y recibos al banco, si usted quiere yo me ocupo de comprarle algo.
- Pues te lo agradecería mucho!!
- No se preocupe, ella tiene mi edad, puedo probarme cualquier cosa y le estará bien.
- Gracias, Anii!!! Vuelvo al taller. Agarra el dinero que necesites!!
A Anastasia la guiaban sus impulsos lujuriosos. Llevó unos documentos al banco y se pasó por una tienda de lencería.
Eligió un conjunto muy sexy y bastante obsceno, compuesto por un tanguita blanco de muselina, un sujetador de pequeñas copas triangulares y unas medias blancas muy brillantes, con un liguero de tiras laterales.
Se lo envolvieron en papel de regalo y se regresó al taller, dispuesta a propiciar una situación realmente comprometida.
Don Ignacio ultimaba el arreglo de un vehículo con los clientes presentes y no se percató de su llegada. Alborotó un poco la mesa para simular que había reanudado el trabajo administrativo y diez minutos antes de las dos del mediodía vio que cerraba el taller y se dirigía hacia la oficina.
Le azotaron los nervios.... cuando le vio entrar.
Iba sudando como un cerdo, con hileras resbalándole por el pecho y la barriga.
- Has comprado el regalo de mi hija?
- Sí, sí, le he comprado lencería, muy bonita!! - Se levantó del asiento para desenvolver el paquete. - Creo que le gustará.
- Lencería???? - se extrañó el viejo.
Anastasia desplegó el tanguita y el sostén y luego le mostró las medias y el liguero. Don Ignacio se quedó embobado al ver las prendas.
- Cree usted que le gustarán??!!!!
- Demonios, Anastasia, son muy eróticas.....
- Pero son muy cómodas, se lo aseguro.
- Usas ese tipo de bragas???!!
- Sí, ya le digo, estos tangas son muy cómodas.
- No sé, Aniii, parece lencería muy picante. Va a parecer una puta mi hija.... no crees...!!
- Que no, don Ignacio, hágame caso, le gustará..... Quiere que me lo pruebe? - le preguntó con la voz algo temblorosa, con los pómulos algo ruborizados.
- Sí, pruébatelo, así vemos cómo queda.
- Voy a cambiarme en el baño, de acuerdo?
- Dale mujer, te espero.
- Regreso, no tardo!! - Cogió las prendas y salió de la oficina en dirección al baño.
Don Ignacio la siguió a corta distancia, fascinado con los meneos de esas nalgotas bien carnosas y con la extrema morbosidad.
Su secretaria dispuesta a probarse lencería erótica delante de él. Anastasia irrumpió en el baño y cerró la puerta tras de sí, encendió la luz tenue y comenzó a desnudarse.....
Se colocó el conjunto y se puso los tacones para realzar el erotismo!! Se miró en el mugriento espejo que había por encima del lavabo, Parecía una pinche puta.
- Pase, don Ignacio. - El patron abrió la puerta dando un paso hacia adentro y ella se giró hacia él.
Se quedó boquiabierto al verla.... Sus tetotas sufrieron un severo vaivén al moverse como gelatinas.... Las diminutas copas sólo tapaban la zona de los pezones y la carne esponjosa le sobresalía por todos lados....
Fue bajando con la mirada, por su vientre liso y fino, hasta pararse en el tanga, con la delantera de muselina, donde se le transparentaba todo el chocho, con el vello apretujado contra la gasa.
Las tiras laterales del liguero, con pinzas enganchadas a las medias relucientes, así como los tacones, le otorgaban la sensualidad de una actriz porno.
Dio media vuelta para que la viera por detrás. Don Ignacio se quedó pasmado al verle el enorme culazo, con la fina tira del tanga metida por la raja, dando la impresión de que no llevaba absolutamente nada.....
Volvió a ponerse frente a él y vio que se pasaba la mano por el bulto.
- Y.... Le gusta, don Ignacio??! - Don Ignacio dio un paso hacia ella y extendió el brazo acariciándole la cara con las ásperas yemas de sus dedos, fascinado con el volumen de sus tetas.
- Qué guapa estás, Aniii, ummm, me ha puesto cachondo verte así!!!
- Ayy... no, cómo es usted, don Ignacio…
Le plantó las dos manos en el enorme culo y la achuchó contra él apretujándole las nalgotas.
Sus tetas rozaron su pecho peludo, percibió su aroma masculino y su olor a sudor.
Trató de rozarse con ella e intentó besarla, aunque ella trató de resistirse.
- Estoy muy caliente, Anastasia…
- Patrón... por favor…!!! - Dio un paso atrás terminándose de desabrochar el mono de trabajo.
- Bájate las bragas.
- Don Ignacio…
- Que te bajes las putas bragas - le vociferó nervioso, sabiendo que podia cachetearlo y mandarlo al carajo.
- Vale, no se ponga usted así.... - Se deslizó las braguitas unos centímetros por debajo de las ingles descubriendo su coño.
Él se quitó el mono y se quedó desnudo, sólo con las botas. Ana examinó su cuerpo peludo y sudoroso, su pronunciada barriga, sus pectorales velludos y su polla empinada, como una salchicha empalmada. También se fijó en sus huevos gordos y flácidos.
- Quítate el sujetador.... - Anastasia echó los brazos hacia atrás para desabrochárselo mientras él se acariciaba la verga. Retiró el sostén de sus grandes pechos. - Mueve las tetas, muévelas para mí.... -
Anastasia meneó el tórax y sus gigantes tetas se mecieron chocando la una contra la otra, de una forma tan lujuriosa.
Don Ignacio permanecía embelesado ante ella, meneándose la verga gorda despacio
- Ohhhh, hija e puta, qué buena estás…!!! - Dio un paso hacia ella y empezó a tocarle el coño, a achuchárselo con la mano derecha, meneándoselo en círculos.
- Joder, cabrona, qué cachondo me tienes… estas bien rica.... y lo sabes verdad????!!! - Acercó la boca a sus enormes ubres y empezó a lamérselas, comiéndose los pezones, deformándoselas con la boca, a la vez que se sacudía su verga y le meneaba el coño.
Anastasia estaba incendiada, el coño le chorreaba como un río prohibido, y los dedos gruesos la hurgaban sin piedad, recorriendo cada pliegue de su vagina y hundiéndose también en el gran culo con un manoseo brutal, intenso, como si quisieran desgarrar la carne.
Don Ignacio la tenía prendida, atrapada en un exceso obsceno. Cada roce era un golpe de lujuria, cada empuje un conjuro blasfemo que la hundía más en al adulterio.... No era simple placer, era pecado encarnado, era el infierno delicioso de lo prohibido.....
CONTINÚA



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