MADRE EN LACTANCIA/CAP27
CAPÍTULO 27
Renata sintió que un frío de mierda que le recorría en todo el cuerpo, como si le hubieran metido un hielo en la sangre.
Ahí estaba Sam, a su lado, tieso como un palo, ahogándose en su propio miedo, ya que hace un momento el estaba mamando las mamas lecheras de mamá, con la cara pálida y los ojos como platos.
La casa, la cocina... que hace un rato era su nido de pecado, ahora se había convertido en un juzgado, un escenario de culpa donde el aire era tan denso que se podía cortar con un cuchillo.
Cada mirada de su ex marido, el padre de Sam, era un latigazo en la piel!! Cada respiración que tomaba era un suspiro cargado de pecado. Ya no era lo mismo desearlo en la oscuridad de su cuarto, imaginarlo, juguetear con la idea... A estarlo viviendo!!! y la realidad era una jodida bestia con dientes.
Y allí estaba él, frente a ellos, el padre de Sam, con los ojos fijos en los dos, como si estuviera descifrando un código, un mensaje secreto escrito en sus caras de culpables.
El silencio era un grito. De repente, el llanto del bebé rompió la tensión desde la habitación, un chillido agudo que sonó como una trompeta del juicio final.
El padre de Sam levantó la vista, lentamente, y sus ojos se clavaron en Renata.
- Que noo le estabas dando de comer, Renata???!!! - lanzó la frase, no como una pregunta, sino como una acusación.
Y la miró.
La miró de arriba abajo, y sus ojos se detuvieron, inevitablemente, en ese par de ubres, carnosas llenas de leche.
La madre, con el cuerpo paralizado, sentía cómo se le ponían las gordas tetotas duras de pura jodida tensión. Llevaba una camiseta fina sin sostén, y el miedo había hecho que sus pezones se pusieran mas pinches tiesos...!! Eran unas chichotas enormes, llenas de leche, pesadas e hinchadas, y el terror hizo que un par de gotitas blancas se filtraran a través de la tela, marcando dos pequeños círculos húmedos alrededor de sus pezones, de por si ya tenia dos marcas de humedad.
- Sí le estaba dando… y lo acosté.... - respondió Renata, con la voz medio temblando pero firme. - ....Fue justo cuando tocaste el timbre, por eso tardé en abrir, en lo que me las guardaba y a acomodaba, ya sabes. -
Mientras hablaba, sus manos se subieron instintivamente sobre sus enormes ubres de vaca lechosas, un gesto casi maternal para cubrirse, pero que solo sirvió para llamar más la atención.
Sus dedos se hundieron en la blanda tela de la camiseta, presionando esas dos montañas de carne turgente, esas chichotas obesas y pesadas que todavía olían a leche y a bebé.... mas bien a hijo pecador!
El movimiento hizo que el culote gigante que tenía se apretara mas contra su jenas de mezclilla, una masa de carne firme y muy tremenda que parecía que iba a reventar. Sus caderas, de esas que se ven de infarto, se abrieron ligeramente, dibujando una curva perfecta bajo la mezclilla del pantalón. Era la viva imagen de la fertilidad, de una mujer en su máximo esplendor.
Su ex marido la miró un segundo más, como saboreando la deliciosa imagen que ofrecía su ex mujer, y luego soltó un gruñido de conformidad, sin dejar de degustar con su boca y mirada.
- Ah, está bien!! Pues ve por el, sirve que lo veo mientras Sam prepara su maleta… -
No terminó la frase y de su bolsillo salió un sonido, un sonido agudo y penetrante que rompió la tensión como una bomba.
- RING!!!! RING!!! - Su puto celular vibraba y gritaba en el silencio de la sala, una llamada, le estaban marcando.
El jodido celular sonaba y vibraba. Con la mano apurado, lo sacó de un jalón.
La pantalla brilló con un nombre que él reconoció al instante.
Deslizó el dedo para contestar, poniendo el teléfono en la oreja con una brusquedad que hizo que Renata y Sam retrocedan un paso atrás.
- Si? Dime, qué pasó??!! - su voz era un murmullo urgente, un siseo lleno de impaciencia.
Hubo un silencio, mientras escuchaba al otro lado de la línea. Su frente se frunció, una línea profunda de preocupación,
- Ahora?!! En serio...????
Otra pausa, más larga esta vez. Sus ojos se movían de un lado a otro, sin ver nada en la sala, solo procesando la información que le llegaba por el auricular.
Mientras daba vueltas en su mismo espacio.
- De hecho estoy cerca… llego en quince minutos!!
Cortó la llamada de un solo golpe, sin decir adiós. Guardó el celular con un movimiento seco.
Luego, su mirada cayó sobre Renata, fría y cortante.
- Tengo que salir de rápido. Pero sirve que Sam prepara sus maletas. Regreso en treinta minutos, máximo!!
No espero su respuesta. Se dio la vuelta, abrió la puerta con algo de prisa que casi golpea la pared, y salió al exterior. Sus movimientos fueron rápidos, un hombre con una misión, dejando tras de sí un silencio mas denso.
....................................
Ya, Sam y Renata solos con el reloj corriendo en su contra y el pecado latiendo a mil por hora en medio de la sala.
- Qué?! Me vas a mandar con papá???!! En serio?!!! - gritó Sam, con la voz quebrada por el pánico y la rabia. Miraba a su madre como si acabara de apuñalarlo por la espalda.
Renata lo encaró, con la cara seria, sin un atisbo de piedad. Sus ojos eran dos trozos de hielo.
- Sí, mínimo estas vacaciones. Solo para que te metas en ese pinche cerebro y tomes conciencia de lo que ha estado pasando aquí. No quiero que esto.... se nos salga de las manos.....!!!
- Pero qué?!! tu fuiste la que me marturbooo!!!! estas vacaciones son casi un mes!! Qué hueva, en serio!!! Voy a estar con papá y su nueva pareja?!! - su voz era un quejido de adolescente derrotado, un lamento lleno de asco.
- Ni modo, cariño! Para que aprendas!!! y sera mejor que no digas absolutamente nada, créeme. - soltó Renata, con una autoridad que no admitía discusión. - Y ahora vete a preparar tu maleta, para un mes. Yo voy a ver a tu hermana, que sigue llorando. - Y se dio la vuelta.
Y cuando se dio la vuelta, Sam no vio a su madre. Vio a una mujer como siempre.
Vio cómo ese sexy y lujurioso culoza, ese culote monumental que se marcaba en el pantalón como una segunda piel, se movía con un cada paso muy hipnótico....
Cada paso era una ondulación, un temblor de carne firme y pesado que le robaba el aliento. Las caderas se balanceaban de un lado a otro, un meneo de nalgas que era un castigo y un gozó.
Mientras la veía alejarse hacia la habitación, con el llanto del bebé de fondo, Sam sintió que el castigo no era sólo irse con su padre. El castigo era no ver ese espectacular y maravilloso cuerpazo de su progenitora, sabiendo que la iba a extrañar con un dolor... que le quemaba toda la polla y los testiculos.
Sam se fue a su habitación con la cara de fastidio, emparejando la puerta. Empezó a tirar ropa al suelo, a meter cosas en la maleta, sin orden ni sentido. después de 15 minutos o 20 mints.
El tiempo pasaba rápido. Cuando terminó, cerró la maleta con un chasquido seco y salió de su habitación.
- Ya terminé mi maleta, ma! - gritó hacia la sala.
El silencio fue la única respuesta. Frunció el ceño y fue a buscarla. La puerta de la habitación de su hermana estaba entreabierta. Se asomó.
Y ahí estaba ella....
Renata estaba de pie, al lado de la cuna, meciéndola suavemente con una mano. La única luz era de una pequeña lámpara, ya que las cortinas de las ventanas estaban cerradas, y en el techo, sobre la cuna, un círculo de figuritas de animales colgando daba vueltas lentamente, con una canción de fondo para dormir, una melodía suave y repetitiva, llenaba el cuarto.
Sam se quedó en la puerta, mirándola. ahi estaba la mujer que deseaba con toda su fuerza y amaba.
Estaba su madre, De pie, con el perfil iluminado por la tenue luz, viendo a su hija dormir con una ternura...
- Ya terminé mi maleta, ma. - repitió, esta vez en un susurro, casi sin querer romper ese momento de paz.
Era imposible no mirarla, no desearla. Ahí estaba, de espaldas, con la luz tenue de la lámpara pegándole en el trasero como un foco, y su cuerpo era una invitación al pecado.
El jeans que llevaba, una tela suave y gastada, se le metía entre las nalgas como si fueran unas curvas.....
No podía dejar de verlas, esas nalgotas gigantes, dos globos perfectos, redondos y pesados, que se dividían en medio con una línea demasiado profunda que prometía un infierno de placer..... Cada pequeño movimiento que hacía al mecer la cuna, cada leve balanceo de su cuerpo, hacía que esa carne temblara, que se moviera con vida propia.
No solo eran unas nalgas, eran dos montañas de carne, un culote de perra de lujo que él se imaginaba agarrando, apretando, mordiendo, todo el maldito tiempo!!!
La canción de cuna sonaba como una melodía en sus oídos. El estaba ahí deseando con un morbo bestial recorriéndole cada centímetro, con la verga media dura y un solo pensamiento en la cabeza, quería a su madre, y la quería ahora mismo, justo ahí, no le importaba que este alado de la cuna de su propia hermana.
- Si ya terminaste, nada mas hay que esperar a tu papá. - dijo Renata, sin voltear. Su voz era un murmullo suave, casi perdido en la melodía de la cuna, como si no quisiera romper el hechizo del cuarto.
Sam empezó a caminar, lentamente, como si estuviera acechando a una puta presa. No quitaba los ojos de ese inmenso culazo, de esas nalgotas enormes que lo hipnotizaban!!! El piso de madera crujía bajo sus pies, un sonido sordo que rompía el silencio de la habitación.
- Supongo que sí… ma. - respondió él, su voz más grave, más ronca de lo normal.
Y en ese pequeña habitación, a la luz de una lámpara, el mundo entero se redujo a solo ella y al chamaco, su hijo morboso, que se acercaba....
El mecer de la cuna se volvió más lento, casi inconsciente. Sabía que estaba ahí, detrás de ella, a solo un paso. Podía sentir su aliento, casi podía oler el deseo que emanaba de él, un aroma adolescente a excitado, un pecado familiar, que se mezclaba con el olor a leche de bebé y perfume de ella.
Renata lo sintió. Sintió cada palabra de su hijo más cerca.... No solo la escuchó, las sintieron en la nuca. Sintió el calor de su cuerpo acercándose, una ola de calor que le erizaba la piel!! Sus pezones volvieron a ponerse muy erectos... como unos pinches fierros!!!
Cuando ya estaba justo detrás de ella, tan cerca que podía sentir el calor de todo su cuerpo, Sam pasó sus brazos sobre la cintura de Renata. Parecía un abrazo de hijo, un gesto de cariño. Pero sus manos se posaron sobre las de ella, en la barandilla de la cuna, y la ayudó a mecer...
Muy, muy despacio!! El movimiento era uno solo, una sola respiración, una sola voluntad. Se inclinó, acercándose al oído de su madre, sintiendo cómo ella se estremecía....
- Ma… a poco no vas a extrañar mi boca en ellas…!!! - susurró él, con una voz cachonda que era puro veneno de lujuria.
Y en ese instante, soltó la barandilla. Sus manos ascendieron, rápido, como si tuvieran su propia vida, y se fueron directo a sus tetas obesas. No hubo ternura, hubo una hambre...!! Aplastó sus dos manos contra ese inmenso tetamen, contra esas ubres enormes y llenas de leche, sintiendo la carne blanda y pesada ceder bajo sus dedos, sintiendo el pezón durísimo clavarse en la palma de sus manos.
- Aaayygg… - Renata solo gimió!! Un gemido lento, ahogado, que salió de lo más profundo de su boca.
Fue un sonido muy bajo, eso si de puro placer y de puro pecado.
Su cabeza cayó un poco hacia atrás, apoyándose en el hombro de su hijo, mientras las manos de él seguían exprimiendo, masacrando sus enormes mamas, recordándole quién era el dueño de ese cuerpo, al menos por ese momento.
A los segundos de estar masajeando esas gordas tetotas, sintió cómo algo húmedo y caliente empezaba a manchar sus manos. Eran gotas de leche materna, un líquido blanco y espeso que se escapaba de sus grandes e hinchados pezones, un tributo de su cuerpo a la lujuria de su propio hijo.
Sus dedos se resbalaron, cubiertos de esa leche, y el olor dulce y salado a la vez llenó el aire, la habitación.
Bajó sus manos, dejando un rastro húmedo sobre la tela de la camiseta. Acarició toda la fina cintura de su madre, sintiendo la curva perfecta, la piel suave.
Siguió bajando, hasta llegar al precioso y riquísimo vientre, y sin dudarlo, metió la mano por debajo del elástico del jeans... Sus dedos se deslizaron por la piel, buscando, y encontrando el botón del pantalón!! Con un movimiento torpe pero decidido, lo desabrochó.
El sonido del metal liberándose fue un trueno en todo el cuarto, luego, bajó el cierre.
Y en ese preciso instante, cuando el pantalón se abrió, sus dedos sintieron el calor!!! Sintieron el gran monte de Venus de mami, un montículo de carne suave y peluda, ardiendo en fiebre, una tierra prometida que lo esperaba, húmeda y lista para ser conquistada....
Renata contuvo la respiración, su cuerpo entero temblando con escalofríos de placer, sintiendo los dedos de su hijo a punto de entrar en un jardín prohibido.....
Pero no. Sam no entró. Con una crueldad que lo excitaba más, solo rozó los labios vaginales exteriores con dos dedos, sintiendo el calor húmedo, la carne hinchada y ansiosa!!! Un segundo, un simple roce, y luego los saco de un jalón. Con la misma mano, agarró la cintura del pantalón de su madre y lo bajó de un solo tirón, hasta que la tela cayó a sus pies, parecía un movimiento brusco ya que el hijo lo había echo con mucha fuerza, ya que su madre tenia unas caderas muy anchas y unas nalgas muy paradas y grandes.
Renata se quedó sola con sus bragas. No eran unas bragas cualquiera. Eran un chatero de encaje negro, una prenda tan fina que parecía un hilo, pero por el tamaño del culo, hacia que se metiera entre la raya de las nalgas, si... prácticamente una tanga que se perdía en el abismo de sus nalgotas.
Sam, que se había agachado para bajarle los jeans, levantó la vista y se quedó sin aliento apreciando y admirando todo eso, a centímetros de su cara!! justo cuando lo bajo hasta temblaron sus obesas nalgas unos segundos!! El hilo negro se hundía en la carne, dividiendo esas dos estúpidas montañas gigantes y perfectas, dejando ver la totalidad de su piel suave y muy blanca.
Era una imagen más morbosa que cualquier porno, el culo de su madre enmarcado por ese tipo hilo de encaje.
La madre, con las piernas temblando, jadeaba, disfrutando entre placer y miedo, apenas capaz de articular palabra. Su voz salió como un susurro desgarrado, roto por la condena del deseo.
- Ayy… peroo… qué… haces…??!!!! - dijo, sin soltar las barandillas de la cuna, aferrándose como si estuviera amarrada, como si el hierro la sujetara.
La mezcla de placer y terror la convertía en un altar profanado, atrapada en un infierno delicioso del que no podía escapar.......
CONTINÚA




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